HÁBITAT MUNDI

 

Malos buenos, tiempos

 

Rosa Olivares

[Miércoles, 25 de febrero de 2009] [09.00]

 

 

 

 

Nunca he estado de acuerdo con aquellos que, entre bromas y veras, afirman, con un puro en la mano, que los artistas trabajan mejor cuando pasan hambre y frío. No creo que la necesidad sea buena maestra nada más que en picardía y, tal vez, en maldad. Pero también es cierto, así se ha probado en esta ya terminada década de bonanza económica, que la abundancia, el lujo y el cachondeo generalizado, no es el mejor caldo de cultivo para la creación. Y aún podemos ver en algunas de las exposiciones abiertas actualmente esa situación de miedo, tal vez cansancio, evidentemente una incomprensible autosatisfacción, y ninguna renovación, que fluye de obras recicladas permanentemente desde hace algunos años y que se exponen en individuales y colectivas de instituciones para recalar en las salas privadas con el increíble deseo de que alguna institución (¿quién si no?) las compre. Esa compra es dudosa, como dudosas van a ser las compras de cualquier tipo en los próximos tiempos. Y no hablo de años porque resulta cada vez más evidente que esta situación que empezamos a vivir no es una crisis más, no es cuestión de uno o dos años, sobre todo en España, donde todo es como una repetición de la jugada después de que ésta finalice. Vamos a estar años sin más fiestas. Que pare la cocaína, las chicas que se tapen un poco, los coleccionistas rumbosos que cuiden sus negocios, las galerías que trabajen seriamente, y los artistas... que hagan lo que tienen que hacer.

Las ferias dejarán de ser ese lugar donde ir el fin de semana, con el pase VIP oro, negro con rubíes y diamantes (que te permite, sin comprar nada, tomarte una copa con el jefe de todo esto), a divertirse y a ver a los guapos y glamurosos yuppies de la cultura. Muchas desaparecerán, otras pasaran de mucho a casi nada. Alguna se mantendrá y volverá a su esencia: el arte. ¡Cuidado con las formas y la gestión! Cuando no hay harina, todo es mohína, decían los castellanos viejos. Ahora se acabó la harina. Veremos en lo que quedan las grandes amistades, esas salas de galerías hechas por arquitectos famosos que se cierran y cambian de barrio... Todo se normalizará.

Por lo demás, el dinero, cada vez más escaso, habrá que repartirlo mejor, habrá que pensar más, y no creer que hay derechos adquiridos. En contra de subvenciones a fondo perdido, y a favor de ayudas a proyectos, a los que producen, a los que siguen trabajando. Y no sólo a los artistas y a los que sacan el arte español fuera, también a los que estudian, a los críticos y teóricos que difícilmente pueden investigar, a los comisarios con buenas ideas... El campo para el que lo trabaja. En cuanto a las instituciones políticas, que no dejen de hacer, que ellos deben demostrar ahora su capacidad y no su miseria. Que hagan y que paguen a quienes hacen, a quienes levantan su rostro más amable, sin retrasos, sin administrar la miseria de los demás: menos lujo y menos tontería, y más cultura y más arte. Se acabó la fiesta, ahora a trabajar. Todos.

 

[Publicado en Exit Express, Revista de Información y debate sobre arte actual nº 41, Febrero 2009 ]

 

 

 

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