Mercedes Toledo, autora de ‘El Perfume de la Palabra'

Cuando buscamos en nuestro interior encontramos cosas que no sabíamos que estaban pero que afloran

María Mercedes Toledo, que ha dedicado toda su vida a la enseñanza, ha pasado 32 años en la escuela. Muchos son los ‘niños' de esta Isla que han pasado por las aulas donde impartía conocimientos. Ahora, después de que se prejubilara en 2003, se está dedicando a hacer las cosas que siempre le gustaron pero que las dejó ahí, en el camino. Hoy, se asoma al mundo para presentar un libro que ha escrito con todo el cariño que tiene por su gente y por su tierra, y que ha titulado ‘El Perfume de la Palabra'.

R. Fuentes | M. de la Hoz | F. de la Cruz
[Martes, 10 de marzo de 2009] [09.00]

- Mercedes Toledo, ¿desde cuándo escribe?

- Cuando era jovencita, en el instituto, ya me empecé a inclinar por las letras. Tanto que estudié el bachiller de letras, el bachiller superior; antes era cuarto, revalida, luego se estudiaba quinto y sexto; se hacía bachiller; se elegía ciencias o letras. Posiblemente, el motivo de elegir las letras fue dar con buenos profesores. Tuve una buenísima profesora, doña Luisa Pérez, que me dio clases de lenguaje, literatura y latín, y luego, cuando terminé el bachiller tuve que ponerme a trabaja para ayudar a mi familia, con 17 años. Trabajé de delineante con don Enrique Spínola, y ahí empecé a estudiar al mismo tiempo que trabajaba. Estudié toda la carrera de Magisterio libre porque antes se podía ir a Gran Canaria pero yo no podía por mi situación económica, entonces estudiaba aquí y luego me iba a examinar a Las Palmas o bien venían los profesores aquí. Y quien me preparó siempre, fue don José María Espino.

- El libro se presenta en los actos conmemorativos del Día de la Mujer. ¿Por qué?

- El libro prácticamente estaba como estructurado hace unos tres años, luego la economía del país; el ayuntamiento vas y pueden no pueden van dándote prorrogas y, al final, entré en esta situación de mi marido enfermar, cuatro años con esta enfermedad horrorosa que azota a todo nuestro planeta, y tuve que dejar esto como medio a un lado. Él, pobrecito, se dio cuenta de que la vida se iba marchitando y les dijo a mis hijos que me lo patrocinaran. Por eso salió este libro. Luego estuve pendiente para poderlo presentar esperando hasta sentirme yo un poquito mejor, más relajada, porque es mi fuerte lo que me ha pasado; no se pueden borrar 40 años de un brochazo ni los quiero borrar. Por lo tanto llamé a la señora Nieves Rosa, que me ha atendido siempre muy amablemente, con la que yo he participado otras veces en sus jornadas, y me abrió su corazón. Además me siento orgullosa de que sea en este acto conmemorativo para la mujer, porque no estamos celebrando nada, no es una celebración. Para mi es recordar todos los peldaños que todavía tenemos que subir las mujeres para estar en igualdad con los hombres y que se nos respete, que es lo único que pedimos. Por lo tanto yo me siento muy orgullosa de que sea en este acto porque como mujer quiero aportar también mi granito de arena a estas jornadas, o a esta celebración conmemorativa del 8 de marzo.

- Con este libro, ¿no teme que hurguen en su vida?

- Yo creo que cuando se escribe y se publica algo siempre hay personas que dicen -de cualquier escritor no de mí, que soy una simple aficionada a este menester de hilvanar las palabras-, y siempre se expone a la crítica, que puede ser buena y puede ser mala. Los poemas que recogen mis vivencias son los recuerdos, el amor por mi esposo, por mi familia, por mis hijos, y mis sentimientos. No me importa que la gente hurgue. Soy una romántica empedernida a mis años y así seguiré siéndolo; no voy a cambiar nunca la manera de como soy. Yo creo que mucha gente se va a identificar con muchos poemas porque decir, por ejemplo, un poema a los hijos: Cuatro hijos,/ cuatro soles,/ cuatro esperas,/ cuatro amores, pues le cambian el número y dicen: cinco hijos, siete hijos, dos hijos, o sea, que al final van a revivir conmigo mis sentimientos, que son simples pero que llegan. Alguien me dijo una vez que cuando se escribe con el corazón, que es como yo creo que escribo, llegas más a la gente. Yo no estoy intentando ser nada más sino colaborar y aportar un granito de arena a la cultura.

- ¿Por qué lo ha titulado ‘El perfume de la Palabra'?

- Cuando escribí el libro pensé, qué título le voy a poner a esto, Dios mío. Llené una hoja de posibles títulos. Elías me decía: ‘pero tú no te acuestas esta noche mujer'. No, estoy en esto. Después fui tachando y dejé tres títulos: ‘A ritmo de primavera', porque es verdad que el libro va creciendo a medida que yo voy creciendo en edad y en conocimiento, y en descubrir tantas cosas que están pasando a mi alrededor y vas aprendiendo también que no se quiere solo a las personas, se quiere a la tierra, te duele el dolor de tus semejantes y quieres ayudar y no sabes cómo hacerlo. Luego, el otro título era: ‘La magia de la palabra', porque yo sé que la palabra tiene magia, porque si estamos leyendo una novela y –claro, primero es la obligación que la devoción- lo dejamos y estamos desesperados para ver qué pasa en la otra página, pero me pareció un titulo más apropiado para la narrativa, una novela, para algo que te atrapa la palabra porque quieres saber lo que está detrás. Mientras que aquí, cada página no tiene que ver nada con la siguiente, por lo tanto me pareció más poético titularlo el perfume. Si buscamos en el diccionario perfumar significa aromatizar, exhalar olor. Si buscas palabra, son sintagmas cuyos componentes los morfemas son inseparables. Entonces estos dos sintagmas, perfume y palabra, dan el titulo al libro de una forma metafórica. Si leo un poema de la infancia ¿qué siento? Pues añoranza, no quiero olvidarme de mi infancia porque fue preciosa. Si leo un poema de amor, pues amor, dolor, felicidad, nostalgia, apego por las cosas que me fueron queridas, desencanto, impotencia, esas son las aromas a las que yo me refiero que van desprendiendo cada página del libro.

- Además de la escritura, ¿qué otras disciplinas artísticas practica?

- Yo he ido descubriendo a través de mi vida tantas facetas que estaban como medias escondidas dentro de mí. No se por qué siempre sentí deseos de la música; la señora doña Antoñita Matallana, con la que yo estudié un poco de solfeo para mi carrera; siempre estuve en el coro del instituto. Ahora se me ha dado esta oportunidad sin pensarlo, una amiga: ‘¿Vas a Arrecife? ¿Me llevas que voy a cantar? ¿Por qué no te vienes?'. Yo vi los cielos abiertos y me fui. Pensé, si me dicen: ‘¿entonas la escala?'. Pues si, la sé entonar. Y he aprendido mucho con las compañeras con las que canto porque tienen mucha mas preparación musical que yo. Y en casa, en las parrandas, en las fiestas, siempre yo estaba sentada al lado de los músicos con mi timple. Cuatro notas, vale. Ahora ya sé tocar mucho mejor, con Gladys, la niña esta que es buenísima, que es la que me ha enseñado porque tengo el problema de que soy zurda; soy ambidiestra pero para el timple soy zurda y nunca me enseñaron. Y ahora me dijo: eso nada, se cambian las cuerdas, se pone la primera en la quinta, la segunda en la cuarta y la del centro se queda igual. Yo entonces vi los cielos abiertos, y me fui a mi clase con unas compañeras con las que nos lo pasamos muy bien. Y luego, la pintura, desde chica me gustaba dibujar. Aprendí como oficio el dibujo técnico. Y a dibujar los cuentos de hadas que leían antes y a carboncillo. Tengo un cuñado que pinta y lo vi un día y digo: bueno y por qué yo no lo intento. Me compre unos pasteles y empecé a hacer tonterías pero cuando me salió el primer melocotón fui corriendo, ‘mira Elías yo puedo hacer esto'. Hablé con un amigo compañero de estudios, que se llama Alberto de León y es un gran pintor, y me dijo: ‘Mercedes tú tienes creatividad; lo que tienes que aprender son las técnicas para manipular los elementos con los que vas a trabajar'. Y así lo hice. Estuve un año con una niña que se llama Belén Hernández, una profesora de bellas artes madrileña, que trabaja en El Taller, el sitio donde yo fui. Estuve un año practicando un poco y, luego, ya a mi aire. He ido haciendo cositas y sí he visto que igual que cuando miras los cuadernos de cuando eres pequeña ves como vas progresando en tus conocimientos, pues me di cuenta que ya no estoy en la cartilla; estoy en el preparatorio. Me queda mucho por aprender pero quiero seguir aprendiendo porque la vida para mi es eso, tener ilusión pese a todo lo que me esté pasando. Hay que poner en la balanza las cosas buenas y yo tengo esta facilidad, o este tesón como mi madre siempre dice, que caracteriza toda mi vida: la constancia y la voluntad, que es lo que se logran muchas cosas en este mundo. No se puede decir no a la primera. Si estoy haciendo un bizcochón, que me dan una receta, y no me sale la primera vez yo no digo no. Lo vuelvo hacer y si me sale mal otra vez, lo intento y si la tercera es la vencida pues bien. Para mi hacer un bizcochón, un potaje, preparar la mesa, todo, es arte, hasta limpiar y ordenar la casa; me encanta la decoración. Estoy en este mundo un poco queriendo buscar camino, es lo que hago ahora, buscar camino para esta soledad que tengo con respecto a lo de mi viudedad y seguir adelante y, sobre todo, demostrar a la juventud que la edad no es una barrera. Yo tengo 62 años, lo digo con toda mi forma de decir que no me gusta quitarme la edad, y quiero demostrar a la juventud que no pierdan el tiempo, que la vida es preciosa pese a todo y que hay muchas cosas todavía que explorar. Que exploren dentro, que cuando buscamos dentro de nuestro interior encontramos tantas cosas que no sabíamos que estaban allí pero que después afloran por cualquier motivo, como ha ocurrido conmigo.

- ‘El Perfume de la Palabra', ¿cuándo y dónde se presenta?

- El libro se va a presentar en la Sociedad Democracia el próximo jueves, 12 de marzo, a las 20:30 horas, dentro de las fiestas conmemorativas del Día Internacional de la Mujer. Recitaré una serie de poemas que vienen acordes con la celebración. Siete poemas cortos: dos a los recuerdos de la infancia, un poema a la ‘Mujer', ‘Coplas a mi madre', un poema a la tierra que se titula: ‘¡Cómo me enamora mi tierra!' Un poema a la gran ausencia de mi esposo: ‘Lo que me enamoró de ti'. Luego, un poema a mis hijos: ‘Cuatro soles'. Y yo tengo la costumbre, cuando recito, de terminar con un poema pequeño que se titula: ‘Atardecer'.

‘Atardecer'

 

Risas eternas en la lejanía,

viejos amores en el alma mía,

lágrimas amargas en la tibia arena,

tu nombre en el viento

y en las aguas claras.

¡Perfume de flores,

tañidos de campanas!

Gaviotas que vuelan

en el aire dormido...

 

La tarde caía,

el rojo sol se tornaba

y de nuevo sentí

tu mano en la mía.

 

Mi corazón maduro,

de vida fluía.

 

 

 

 

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