EL FLEXO

 

Estupideces

 

Nayra Alonso

Ilustración Emma López-Leitón
[Miércoles
, 25 de marzo de 2009] [09.00]

 

 

 

 

¿No es estúpido? Tú estas ahí, yo estoy aquí, sólo nos separa, no sé, un metro o metro y pico, lo que mida de ancho el mostrador, y tú me preguntas que qué va a ser y yo quiero decirte sin más que me gustaría irme a la cama contigo, que eso va a ser, pero te digo que un montadito de solomillo y un café, no, nada más, y cojo el periódico del día que hay para los clientes y ocupo una mesa junto a los ventanales.

¡Qué estúpido! ¿Es que sería tan horrible decírtelo? ¿Es que sería como decirte vamos a cargarnos a uno, vamos a tirarnos por un puente, vamos a asaltar la primera sucursal que veamos? Y entonces por qué no he aprovechado cuando me has traído el café y el montadito y en lugar de un incomprensible gracias balbuceado que parecía una idiota no te he dicho te invito a mi casa esta noche, te prepararé un plato especial que me sé, acabaremos en una cama con increíbles sábanas verdes.

Es bastante estúpido que saque la vista por un lado del periódico para espiarte y comprobar que tú también me envías miradas delincuentes, y no levantarme de inmediato, irme hacia el mostrador, esperar a que tu marido se entretenga con algo, y darte una cita mirándote a los ojos.

Si pones cara de susto te advertiría que no quiero hacerte daño, sólo besarte, acariciarte, verte reír, cosas normales; o no, no tan normales, pero a las que quiero acostumbrarte. Nada de pistolas, cuchillos, saltos al vacío ni robos con violencia, sólo besos, música y un toque de alcohol, ¿no te apetece? También tengo gatos, de todos los colores y temperamentos, flores, plantas, árboles, tengo tierra libre a los cuatro costados, y sobre mi tejado, el cielo. Ven a verlo, te lo ruego, por la noche ese cielo de que te hablo es claro y limpio como nunca lo has visto, repleto de estrellas; podemos perdernos contándolas mientras fumamos, los gatos alrededor nos harían coros susurrantes, los grillos pondrían un decorado sonoro de fondo, la fuente del jardín nos miraría en silencio.

Ojalá no cometiera la estupidez de quedarme clavada en esta puta silla, observándote de reojo y temblando un poco cuando vienes a traerme la cuenta, cuando pones el platillo en la mesa sonriéndome, y se me encienden las orejas y me suda la zona lumbar. Ojalá me levantara completamente convencida de que lo que te pido no es una barbaridad sino que se trata de simple y llano deseo, y con una voz tranquila y segura te contara lo que hay, sin más.

Y es estúpido, pero lo hago, a pesar de que no encuentro en este momento nada tan estúpido como salir por la puerta después de un hasta luego mal articulado, y una vez más sin hacerte saber que hay gatos, grillos y estrellas esperando por ti, a pesar de todo eso me voy, es lo que hago.

 

 

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