La explanada de la mierda (Segunda entrega)

 

 

Juan Pérez Parrilla

[Martes, 5 de mayo de 2009] [09.00]

 

 

 

Para los trabados de mente y lengua, escribir es una pasada; nos da tiempo de pensar y nuestras palabras nos salen derechitas y sin intermitencias. No obstante, escribir obligados por una promesa o por un plan a seguir es una puñeta. Los planes casi nunca nos salen bien a los humildes, nuestras abultadas proles dan fe de ello, y en cuanto a las promesas cada vez nos cuesta más cumplirlas, debe de ser por tanta cabronada que aguantamos, pero claro, si los que no somos políticos o poderosos incumplimos nuestras promesas, perderemos la poca dignidad que tenemos y nos quedaremos en nada. Es como cuando un barbudo se quita la barba o como si uno se paseara en pelotas por la calle Real. Así que a cumplir:

Para hacer boca y para aviso de navegantes poco traqueteados, diremos que en el argot de matadillos y colgados, mierda es cualquier sustancia natural o sintética que coloque, y por extensión también lo es, la puñetera vida que llevan. A la otra, a la que huele mal, no hay quién la menee, pero con ésta, se trafica al menudeo las veinticuatro horas del día en la Explanada de la calle Gran Canaria. Y como todo el mundo sabe la mencionada calle no está en Alegranza que está en el centro de Arrecife; paralela a Cienfuegos, arranca de la calle Real y termina en la calle Trinidad. Qué cosas; de regio nacimiento, termina en un indescifrable misterio y en medio la gran cagada ¡aleluya!. Dure lo que dure este serio cachondeo, procuraremos no mentar más a nuestros ya viejos vecinos residentes. Nos da cierto repelús hablar de esos pobres desgraciados, dos de ellos en muy mal estado, uno ingresado en el Hospital General y el otro no quiere.

No todo el mundo es igual, ni todos tenemos las mismas ambiciones. Uno que desde niño empezó a sentir antipatía por el guapo que siempre se llevaba a la muchacha en las películas del Díaz Pérez; uno que ya mayor empezó a sentir una cierta afinidad con la trágica humanidad de Judas Iscariote; uno que debe ser un antihéroe patológico y que está más recalentado que la cabeza de un infiernillo por el abandono en que nos tienen, a ellos y a nosotros, los gobernantes locales; uno que ya está hasta los mismísimos, empieza a plantearse seriamente abandonar la senda del imperio de la ley y el orden y echarse al monte. Pero claro, lo de siempre, no tenemos caballo y la mujer no nos deja.

Hemos estado en la calle Cienfuegos, campo de batalla donde lucha a brazo partido el Arte con mayúscula ayudado por el gobierno insular (1), contra la prosaica y supina ignorancia pueblerina, y efectivamente está la puerta. No es de bronce troquelado pero es de tea canaria (2) y que a simple vista parece que el comején la ha respetado al menos de medio arriba, y para nuestra sorpresa no está sola, a su lado tiene una ventana consorte. A barlovento de ésta hay otra que no está, debió ser detenida por bígama, con dos ventanas. Esa puerta, esas ventanas y esas humildes paredes de piedra y barro son el Patrimonio Inmueble que no se puede tocar y que impide la rehabilitación de la zona, explanada de la mierda incluida.

Mañana llevaremos a Cienfuegos al maestro Simón que de piedra y barro sabe un huevo (3) para que opine sobre el tema. Por otra parte pensamos que, si en el futuro se sigue construyendo de acuerdo a la actual alineación que marca el edificio nuevo, Cienfuegos-esquina-Trinidad y el aún por terminar de construir Cienfuegos-esquina-Molino, las paredes, puerta y ventanas patrimoniales quedarán en medio de la calle. Con lo hasta aquí escrito y el texto de las notas habremos terminado con la segunda entrega. En la próxima seguiremos con la misma tónica. Igual si nos sentimos un tanto metafísicos, discurriremos un poco sobre Democracia y sucedáneos. Ya puestos y si la voluntad no nos falla, comentaremos también el interesante libro del doctor Salgado “Erótica del poder”.

 

(1) Esta simbiosis entre las artes y el poder ya es vieja: “Imperator, tu me defendas gladio, ego te defendam calamo“ (Emperador, defiéndeme con la espada y yo te defenderé con la pluma). A finales de la Edad Media, esta célebre frase fue pronunciada por un fraile, al parecer bastante liberal, que huía del papa Juan XXII que le quería hacer pupa. Hoy las cosas han cambiado, dicen disparates pero ya no cortan cabezas.

(2) Que no es paja y que dada su supuesta antigüedad, el pino que la parió debió de ser remolcado a nado desde Gran Canaria, al menos por cuatro hercúleos guanches; mientras dos nadaban tirando de él los otros dos descansaban tendidos sobre su rugosa superficie. Nuestros ancestros no tenían barcos pero sabían nadar y margullir. Los numerosos yacimientos palentozoológicos llenos de cáscaras de lapas de fondo y de algún que otro coral así lo demuestran.

(3) Dado nuestro llamativo estilo, pudimos haber puesto en lugar de huevo, cojón que rima con Simón, pero no nos gustan los ripios. En arquitectura tampoco. Nos gusta la rancia piedra labrada, como la que orlaba a las cuatro hermosas ventanas de la casa de doña Rafaela García, caídas en pro del arte mercantil que a su vez ha engendrado un extraño híbrido entre gigante y tortuga. Ya lo dijo don Francisco Gómez de Quevedo y Villegas, y que nosotros hoy no lo decimos por si acaso. Algún día hablaremos o haremos lo que alguna vez dijo y nunca hizo un célebre armador conejero. “Un día me pego un tiro y después me voy pal campo”.

 

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