La explanada de la mierda (Tercera entrega)

 

 

Juan Pérez Parrilla

[Martes, 12 de mayo de 2009] [09.00]

 

 

 

 

De jovencitos pasamos por el Génesis como motos. Esas farragosas historias eran demasiado para nuestros cuerpecitos abarrotados de testosterona. No entendimos ni jota, pero algo memorizamos y así sabemos que al principio, Dios creo los Cielos y la Tierra, después creó a todos los animales y finalmente, a su propia imagen y semejanza, creó al primer hombre, Adán, que por su semejanza con Él, pasó a ser con todo derecho el rey de la Creación. Pero, éste que resultó ser machito por su pistolita y porque Dios así lo quiso, se aburría soberanamente sin un coñito y unas tetitas para su uso y disfrute. Y Dios que es un buen chaval pero un tanto machista, se compadeció del pobre Adán; lo anestesió para que no sufriera, le arrancó una costilla (1) y con ella creó a la primera mujer, Eva. A partir de ella todo empezó a enredarse. Olvidó el motivo por el que fue creada, comióse una manzana y la cagó.

Desde entonces hemos caído en picado. La venida del Hijo la frenó un poco, pero nos lo cargamos y volvimos a caer en manos de atrevidos imbéciles y compulsivos psicópatas. Pero, como la “Historia Universal de la Infamia” la escribió Borges hace unos años, aquí sólo hablaremos del más desmesurado atropello que nunca vieron los pasados siglos y que jamás se verá en los venideros; la existencia en Arrecife, ciudad abierta, turística y marinera, de la gran cagada, que lo es, la Explanada de la Mierda.

Estamos ya cansados y revueltos de tanto hablar de mierda, pero es lo que nos dan y como dice Pepe, el mal llamado Seco pues bebe más que una gavia, “tenemos que mear siempre en el mismo sitio para terminar abriendo un pozo”: Pensarán, el señor del Patrimonio and company, que los vecinos de la calle Gran Canaria somos todos unos matados que defecamos en bolsas de plástico y luego las tiramos por ahí, por allá y acullá. Pues no, como se ha visto hablamos finamente y la mayoría, como dirían en mi pueblo, somos gente de orden que lo hacemos en limpios inodoros, que si bien no son de diseño, son apañaditos, resonantes, de sobradas tragaderas y sobre todo cómodos. Una vez al día, aisladitos y tranquilos, nos sentamos en ellos a leer las noticias locales y de paso aquellamos o viceversa, que más o menos viene a ser lo mismo. Una vez cumplida esa higiénica e inevitable función fisiológica, nos limpiamos con unos trocitos de fino papel para quitar lo mayor, que no siempre lo hay, y después pasamos al bidé y nos enjuagamos profusamente con la sufrida agüita de Inalsa y el mítico jabón de aloe que tan bueno es para el cutis. Hecho lo cual, nos secamos concienzudamente con el mismo fino papel que usamos en el pre-alzamiento y como apoteosis final, nos pasamos unas frescas y suaves toallitas, discretamente perfumadas, por nuestros delicados y virginales anos. Con perdón.

Hace unos días de nuevo visitamos Cienfuegos, acompañados del ya conocido maestro Simón y de don Alfredo Pérez Rodríguez, por todos conocido como Alfredito Maravalla, reputado ebanista, tallista y conservador de imágenes de santos, recién llegado de La Laguna, en donde había estado unas tres semanas restaurando las complicadas tallas zoomorfas de la escalera (2) del púlpito de la Iglesia de la Concepción. A pesar de su apodo, este señor impone respeto, es como Tip sin chistera, pero en serio. Cuando llegamos al número 18, que es uno de los tres muertos indultados por el Patrimonio, Alfredito de dos zancadas pasó a la acera de enfrente y de allí, muy serio y circunspecto, le echó una breve mirada a la puerta, otra a la ventana y después nos taladró con una mirada tan dura, mantenida y profunda que aún hoy sentimos revueltas las neuronas. Nunca dejó de mirarnos, pero cuando empezó su reposada disertación nos tranquilizamos un poco. Y dijo esto: En mi opinión tienen ustedes dos soluciones; la primera y más barata es mandar directamente las dos piezas al Museo del Prado, sin tan siquiera limpiarlas para que no pierdan su pátina secular que ya le encontrarán acomodo en una de las salas de esculturas antiguas. La otra que saldrá más cara y que es la que un servidor prefiere, es: quitar a los dos bailarines de ballet que tiran de la red, eso de tirar es un decir, en la rotonda de Puerto Naos y mandarlas a la Escuela Nacional de Danza. Hecho lo cual, se habilitarán dos vitrinas, una para la puerta y otra para la ventana; la puerta se colocará en su vitrina con una hoja abierta y otra cerrada, en cuanto a la ventana, se colocará abierta de par en par en su correspondiente vitrina. Luego se llevan ambas a la rotonda y se colocan cara al mar en el espacio libre dejado por los dos bailarines. Las dos piezas servirán de homenaje a los artesanos carpinteros del siglo XX, y por separado; la ventana con sus brazos abiertos simbolizará la secular y generosa hospitalidad del pueblo conejero y la hoja abierta de la puerta simbolizará lo mismo. En la hoja cerrada, colgarán ustedes un disquito de prohibido el paso y debajo de él un cartelito con la leyenda “Mentecatos ni uno más”. En cuanto a las paredes, aquí don Simón les aconsejará. Finalmente y en referencia a las dos ventanas del número 16, en mi opinión lo mejor que pueden hacer ustedes es metérselas por el culo. Y con un, vayan ustedes al carajo, caballeros, dejó de mirarnos y girando 45 grados a estribor, lentamente, con el empaque de un ministro de Franco, encaminó sus pasos hacia El Charco con una ligera brisa dándole en la cara (3).

Sentimos en el alma no poder ofrecerles el informe técnico de maestro Simón. Al pobre viejo se le atravesó una carcajada y se le descuajaringó el quejo. Lleva tres días sin poder hablar y sorbiendo líquidos por una pajita. En la próxima entrega hablaremos de su informe y procuraremos tratar algunos de los temas prometidos y aún pendientes.

 

 

 

(1) In nomine Dei, se han hecho algunas de las canalladas más grandes de la historia. En ese rollo carnicero Dios no tuvo nada que ver. Lo urdieron un sacerdote rijoso y un patriarca vivales, para mantener bajo control a las mujeres y seguir ellos disfrutando de esposas, concubinas y siervas ¡hoy no te toca Esther, tranquila o te quito mi costilla!

(2) Esto no sucedió, mentimos para darle un poco de lustre a don Alfredo, que como se ha visto no le hace ninguna falta.

(3) Cuando don Alfredo descubrió la cutrez de las tres fachadas indultadas por el Patrimonio, pensó que le tomábamos el pelo. De ahí su peculiar venganza y puntillazo final.

 

Otros artículos:

La explanada de la mierda (Segunda entrega)

La explanada de la mierda (Primera entrega)

 

info@salpreso.com

 

[Condiciones de uso | | ]

 

 

Salpreso.com

volver | subir | imprimir

 

Destacamos

Dama andante
Nayra Alonso
La explanada de la mierda (Tercera...
Juan Pérez Parrilla

 

 

Hábitat Mundi

Disculpen la molestia
Eduardo Galeano
¿Te gusta conducir?
Rosa Olivares