EL FINDE ES... CORTO

 

Consulta 16, de José Manuel Carrasco

 

Ángel Valiente

[Viernes, 22 de mayo de 2009] [09.00]

 

 

 

 

¡Y otro! ¡Y otro! ¡Y otro perrito piloto! Que se note que he estado de festivales y que trato de buscarles las mejoras cositas que he visto por ahí para compartirlas.

Hoy les traigo otra joyita descubierta en el pasado festival de Málaga.

Y si en las últimas semanas les vengo descubriendo cineastas de los de delante y de los de detrás de las cámaras, esta semana bien merece la pena que presten atención al trabajo de Carrasco, que ya sorprendió con el multipremiado “Padam” y muy especialmente con la interpretación de Ana Rayo, que además pasa por ser su actriz fetiche. Y es que esta es de esas actrices que, como les comentaba de Natalia Mateo, uno se alegra especialmente de que al fin esté donde merece, pues se ha tenido que fajar duramente en el ring de la interpretación, basado fundamentalmente en perder energía, tiempo y dinero en hacer en castings y más castings donde ves pasar mucha gente con talento y ves salir demasiada gente sin esperanzas y con prisas para ir al búrguer donde trabaja para pagarse las clases de interpretación.

Y al fin Ana se ha hecho un huequito en este loco mundo del cine. Si las primeras temporadas de “Cuestión de Sexo” eran conocidas como la serie del “chico de la autoescuela”, en honor al genial trabajo de Gorka Otxoa, la flojísima última temporada está siendo salvada únicamente por la “enfermera pepitogrillo del médico tonto”. Sí, señores, esa es Ana Rayo. Y aquí se la presento yo hoy a todo aquel que no la conozca, con el premio de interpretación de cortos del festival de Málaga por este trabajo.

Consulta 16, de José Manuel Carrasco, cuenta la historia de dos desconocidos que vienen a encontrarse en un sitio tan singular y aparentemente frío como la consulta del médico. Los dos están enfermos, aunque parece que en la fase final de su enfermedad, los dos tienen la obligación de acudir a su médico con prusiana regularidad y los dos tienen la necesidad de hablarse porque en realidad padecen la peor enfermedad posible existente y que por desgracia tanto prolifera en este siglo XXI de excesiva autonomía e individualidad máxima que nos hemos inventado: están solos.

¿Puede surgir algo bonito en un encuentro casual en la consulta del médico? ¿Puede al menos surgir una conversación amena entre dos desconocidos en una sala de espera? ¿Y en un supermercado o en la playa o en el parque o en la cola del paro, ese punto de encuentro de moda?

Digo yo, si de pronto un desconocido les saluda, ¿responden al saludo o le eluden la mirada? ¿Qué se pierde al menos saludando o sonriendo? ¿Y conversando aunque nunca más se vuelvan a ver? Al menos se aseguran que ese ratito de espera, allá donde sea, será más ameno, ¿no? Y quién sabe, que este siglo XXI es muy raro, ya les digo.

Sólo les pido tanta prudencia como atrevimiento. Si se les cruza por la calle un tipo al que no conocen, les mira y les saluda, respondan al menos por cortesía. Quién sabe, quizá sea yo quién les saluda... Soy muy propenso.

 

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