Dio sus primeros pasos en el teatro, todavía de adolescente, con el grupo ‘Regartija' en Arrecife. De eso han pasado unos cuantos años. Quino Falero lleva ya dos décadas dedicado al teatro profesional y 15 años residiendo en Madrid. La semana pasada estrenó en Lanzarote ‘Matrimonio de Boston', protagonizada por Antonia San Juan.
- ¿Qué le impulsó a dedicarse al teatro?
- Yo empecé a hacer teatro en Lanzarote, con el grupo ‘Regartija'. Fue ese momento de adolescente, cuando me atraía mucho el teatro. Tal vez lo único que había visto era los ‘Estudio 1' que había por la tele hacia mediados de los ochenta. El teatro me enganchó desde que empecé a trabajar. Empecé como actor y luego, poco a poco, ya me fui decantando más por el tema de la dirección. Es un oficio en el que llevo veinte años. Fue el amor por la escena; el amor por las tablas; el amor por este lenguaje de la interpretación… forman un medio de expresión que me interesó muchísimo, en el que me sentí muy cómodo, y todavía sigo en ello, afortunadamente.
- ¿Cómo fueron sus comienzos?
- Empecé en el teatro de aficionados, aquí, en Arrecife. En el grupo de teatro ‘Regartija'. Luego me fui a estudiar a la Universidad , primero a Gran Canaria y luego a Tenerife. Estando allí contacté con actores; con compañías de teatro. Fui tomando clases de distintas disciplinas que tienen que ver con el teatro. Cuando terminé la Universidad me ofrecieron trabajo como actor y a partir de ahí, ya empecé a enganchar un trabajo con otro y la verdad es que hasta ahora me he dedicado solamente a esto.
- Usted sale de Lanzarote y se encuentra otra realidad, hasta que se establece en Madrid. ¿Qué destacaría sobre esa etapa?
- Me fui a Madrid un poco por la necesidad de salir y de ver otras cosas y de verme a mí en una ciudad mucho más grande que Las Palmas, que era donde había estado hasta ese momento. Y una serie de circunstancias personales hacen que me vaya a vivir a Madrid. Allí me encuentro un mercado mucho más amplio, una forma de hacer que me gusta bastante, y el acceso a poder hacer más cosas y que las cosas que hagas tengan más repercusión. Aunque la verdad es que la vinculación con Canarias yo nunca la he perdido, siempre he estado viniendo sobre todo a Las Palmas, a Gran Canaria. Y sigo viniendo con mucha frecuencia. Compaginar un lugar y otro para mí es tener también una visión bastante saludable del oficio. Me permite tener también una perspectiva mayor, y me encantaría seguir así. Me encantaría seguir trabajando en Madrid pero no perdiendo la vinculación que tengo con las artes escénicas en Canarias.
- Su mejor experiencia y la peor en el mundo del teatro.
- Las mejores experiencias siempre superan a las peores. De hecho las más que recuerdo son las mejores. Las peores afortunadamente existe la capacidad de olvidarlas. Los mejores recuerdos que tengo del teatro son los procesos de trabajo, no los resultados. Sino cuando empiezas un proyecto; cuando empiezas a ilusionarte; cuando empiezas a crear el equipo; los ensayos; los momentos de compartir el trabajo con el resto del equipo, con los actores. Esos son los momentos más gratos para mí, donde me siento más cómodo. Luego, el trabajo del director termina prácticamente cuando la función ya la ha cerrado, se ha estrenado, lleva unas cuantas representaciones, ya ve como ha funcionado con el público...un poco, lo abandonas y queda de manos de los actores y de su relación con el público. Pero sí que ha habido momentos malos, en los que no te han salido las cosas bien, que los proyectos no han ido por donde tú esperabas o no han tenido la vida que tú esperabas, pero forma parte de este juego y está bien que existan buenas y malas experiencias. Sobre todo para continuar y avanzar, y aprender con ellas y crecer.
- Talento o esfuerzo. ¿Qué considera que tiene más importancia?
- Yo creo que tanto el talento como el esfuerzo se complementan. Hay que conjugar las dos maneras. Evidentemente el talento no sirve de nada si no te esfuerzas por canalizarlo y por sacarlo adelante. Y del mismo modo el esfuerzo, si no hay un talento que sustente ese deseo de hacer. Hay que buscarlo y hay que trabajarlo. De todas formas no sabría cuál y en qué medida es más importante uno que otro. Desde luego son dos fórmulas que han de conjugarse en el orden u ordenes, que a veces no tienen por que ser el mismo. Hay gente que empieza con mucho talento y poca capacidad de esforzarse y la va adquiriendo a lo largo de la carrera, y gente que empieza con mucho esfuerzo y menos talento y va ganando en talento. Yo creo que tanto el uno como el otro se pueden trabajar y se puede conseguir que sean más abundante.
- ¿A quién o quiénes admira en su profesión?
- Admiro a muchísima gente. Yo tengo la capacidad de admirar bastante desarrollada. Admiro sobre todo a la gente que tiene capacidad de trabajar y constancia en el trabajo. Y hablo de todos los oficios que tienen que ver con el teatro, de todas sus disciplinas. La gente que se enfrenta con honestidad al trabajo, y la gente que tiene constancia. El éxito es una cosa muy relativa, y una cuestión también bastante subjetiva. Yo creo que el éxito está donde estás tú y no solo es admirable alguien por el éxito que pueda tener. Admiro a la gente que desarrolla su carrera con coherencia, que elige y acierta en las elecciones. Ese es el tipo de gente que admiro en esta profesión.
- ¿Qué opina sobre la situación del teatro en general, y de la dirección escénica en particular, en estos momentos?
- El teatro se dice que está pasando por un buen momento, que la gente está consumiendo teatro y está yendo a ver espectáculos. Creo que es verdad que empieza a haber una necesidad de ver los espectáculos en vivo; de sentarte en una sala a oscuras y pensar que hay un grupo de gente encima de un escenario que está haciendo algo para ti exclusivamente, en ese momento. Y que esa ceremonia que se produce es irrepetible, exclusiva y única. Ese morbo ha ido satisfaciendo más a la gente y la gente ha ido buscando eso. Ahora mismo es un buen momento para la creación si bien no es un buen momento para la distribución ni para que los espectáculos tengan una larga vida. Las giras están siendo más cortas, terminan antes su trayectoria. Pero no creo que sea por una cuestión de demanda del público o de un respaldo social, que si que existe cada vez más con el teatro. En cuanto al director de escena, es una figura bastante reciente. Cuando empieza a reconocerse al director de escena como un oficio dentro del teatro -porque hasta entonces eran los propios autores o los empresarios o el primer actor, quienes montaban y llevaban los ensayos de la función- si que se le dio mucha importancia al director, y el director cobró en los montajes muchísima importancia. Creo que ahora hay una vuelta más al texto y a la autoría, y al dramaturgo, que a la visión del director por encima de todo lo demás. Particularmente me gustan más los directores que dejan su huella en la función pero de una forma discreta, y que no esté por encima de las otras disciplinas del teatro. Ese es el tipo de trabajo que a mi me gusta hacer y con el que disfruto también como espectador.
- ¿Qué está haciendo ahora y cuál es su próximo proyecto?
- Estoy en Madrid dirigiendo un monólogo a un actor, Jorge Roelas, que estrenamos el día 16 de junio en el Teatro Arenal, que está en la Puerta del Sol. Jorge es un actor que conozco hace mucho tiempo y me ha pedido que le dirija un monólogo que ha escrito él. Estoy muy contento, está quedando muy bien, y espero que se empiece a representar hacia mitad de junio y que vaya bastante bien. En eso estoy metido ahora. En verano me voy como director adjunto de una producción al festival de Mérida junto a Tamzim Townsend, que es una directora con la que trabajo habitualmente. Y para final de año tengo algunos proyectos en Las Palmas de Gran Canaria, que espero que vayan bien y se terminen de confirmar. Este año empezó siendo un año bastante raro pero poco a poco han ido saliendo trabajos y más o menos de aquí a final de año la cosa parece que está bien. El año que viene a ver qué pasa.
- ¿Qué significado tiene para Quino Falero dirigir una obra en el Teatro Insular de Lanzarote?
- Para mí venir a Lanzarote con un trabajo es un regalo. Yo estoy feliz. No conocía el teatro, sabía que lo habían inaugurado pero no había tenido ocasión de presentar aquí ningún trabajo mío. Y con el nervio de que te vea muchísima gente que quieres, y que conoces, y que saben de tu trabajo pero que no han tenido ocasión de verlo.
- Un consejo para la gente que empieza.
- Para la gente que empieza yo creo que es importante no perder el sueño, en el sentido del deseo. Esta es una profesión evidentemente vocacional, tienes que sentir un amor muy especial para dedicarte a ella. El teatro como ejercicio lúdico es estupendo. La gente que empieza debería probar a hacer cosas, y una vez probadas decidir si realmente es un oficio en el que se sienten cómodos y en el que se ven con posibilidades. Eso se nota. Tú notas si te gusta, si gustas, si crees que te va bien, si crees que merece la pena... y desde luego, si merece la pena, te gusta y gustas, hay que seguir adelante y formarse. Tratar de no parar. Hacer muchas cosas. El teatro es una profesión que se alimenta de muchas manifestaciones artísticas, con lo cual también es una experiencia muy redonda que te permite estar al tanto no solo de la literatura sino también de las artes plásticas, de la música, del arte de interpretar... Si alguien tiene la sensación de que esa es su vocación creo que lo importante es no perderlo y no dejar de probar y verse haciendo.
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