Ángel Valiente
[Viernes, 19 de junio de 2009] [09.00]
Quiero pensar que algunos de ustedes me echaron de menos la semana pasada. Permítanme ese puntito de egocentrismo. Me gusta pensar que fue así.
Pero aquel al que ya se han acostumbrado a que cada viernes les cuente cosas con la noble excusa de ver un corto, la semana pasada estaba “missing”. “Missing in action”, si quieren, pero “missing”. “Missing but writing” para ser más exactos.
Y es inevitable que después de la maravillosa aventura de los últimos días y el fulgurante encuentro con aquellos futuros guionistas no tenga más remedio que dedicarle mi sección esta semana a todos ellos: a los escritores. Y especialmente a los que nos juntamos en Benicassim.
Y es que escribir, ya es sabido, es, por decirlo de algún modo, una aventura increíble, un camino inexplorado a cada página en blanco que te encuentras, una senda llena de maleza y cañas que hay que cortar por el bien de la semántica, por la necesidad de algunas almas inquietas que nos empeñamos en contar historias, en plasmar sentimientos con la esperanza de que algún día se conviertan en celuloide.
Y todo eso, créanme queridos amigos es, por decirlo llanamente, difícil de cojones.
No se me ocurre mejor excusa hoy que poner este cortometraje de Elena Cobos con la esperanza de que todos mis compañeros se vean reflejados en él y recuerden las maratonianas jornadas de trabajo en pro de aprender a escribir y que empezaban de mañanita temprano y acababan de madrugada, si bien la madrugada era la última excusa para ahondar en nuestra amistad a golpe de cervezas y a esa hora ya, en realidad, poco escribíamos.
Por extensión quiero dedicar este comentario a todos los guionistas del mundo, a todos los novelistas, escritores, dibujantes o graffiteros. A todos los que dedicamos nuestro tiempo a contar nuestras inquietudes para el regocijo de todos ustedes con la esperanza de que aquel chiste que en un momento escribí, haga gracia cuando debe, que aquella escena romántica que un día se me ocurrió, emocione en su debido momento, que ese aplauso que en un éxtasis de lisérgica creación soñé, se produzca.
A todos los que escribimos, gracias. Gracias por escribir y por seguir escribiendo. Solo nosotros somos capaces de crear historias de ambigüedad sexual en una mercería. Solo nosotros podemos idear una historia en la que la muerte va en el vagón de un talgo o en la que un muchacho en el limbo decide suicidarse para volver con su amada. Solo la imaginación libre es capaz de crear astronautas que se convierten en aliens y viceversa o de salvar la incómoda situación de una recién parada descubriendo que sus habilidades culinarias tienen poderes mágicos.
Solo nosotros, queridos míos, somos capaces de eso y más. Seguid escribiendo. Eso que ganará el mundo.
Dedicado a Nacho, Fernando, Tona, Mari, Javi (ese Lynchito!!!), Ángel, Carlos y, por supuesto, al señor Aguyé.
[Condiciones de uso | | ]
