Valdi García
[Jueves, 9 de julio de 2009] [09.00]
César Manrique fue un artista de excepción, lo presiento en su oficio y algarabía, porque no lo conocí personalmente.
Cuando él murió, mi madre y hermanos recién se radicaban en Lanzarote y yo, vivía en Munich.
Pero en el país de los sordos, el tuerto es rey, por no hablar de los ciegos y los mudos.
Quiero decir, cuando las rémoras se apropian de las aptitudes del tiburón, pueden hacer de él hasta un cadáver exquisito.
Y no es una ofensa a la Fundación, sino, a aquellos que comenzaron a alimentar sus ambiciones desmedidas con la carroña de su memoria para ralentizar el presente.
Quizás por eso tienen hecho mierda el turismo, ajenos de los guiños propios de la cultura, y no se les corre el rimel en sus negociados cuando lloran miserias.
La Isla, por más impersonal que suene, está cogida por sus propias pelotas u ovarios (cual sea el caso genérico y político de sus dirigentes y empresarios), y no sabe qué hacer con los turistas y los inmigrantes cuando la palabra CRISIS toma el timón de la sobra de codicia y la falta de inteligencia.
La historieta del monocultivo y la corrupción la superó con creces en estos últimos años para desbastar el huerto, algo que la ciudadanía usualmente no quiere ver: su esqueleto. ¿Preferimos candelas y voladores, preferimos grandes obras de saneamiento ante tanta oscuridad mistificada? Creo que definitivamente eso es abusar de la mentira que nos concierne a todos. Algún día mis dibujos hablarán por ello, de la mezquindad tan generosa que invita a callar en provechitos propios, mientras la cultura (por sostener una élite inexistente) se queda en el camino por este coñazo de temporada de verano, y lo que seguirá.
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